Yo naci esclava

Me llamo Salma. Nací en Mauritania en 1953, y nací esclava. Mis padres eran esclavos, y sus padres eran esclavos de la misma familia. Tan pronto como tuve edad de caminar, me obligaron a trabajar todo el día, rodos los días de la semana. Aunque estuviéramos enfermos, teníamos que hacer nuestras tareas.

Empecé a cuidar de la primera mujer del cabeza de familia y de sus 15 hijos cuando todavía era una niña. Después, ni siquiera me atrevía a ayudar a mis propios hijos si estaban heridos o en peligro porque primero tenia que cuidar a los hijos de la mujer del amo. Me pegaban muy a menudo con una vara de madera o con un cinturón de cuero. Un día vi que azotaban a mi madre e intente impedirlo. Indignado, el jefe de la familia me ato las manos, Me marco con un hierro candente y me abofeteo. Su anillo me abrió un corte en la cara y me dejo una cicatriz.


Nunca me estuvo permitido ir a la escuela ni aprender mas que unos versos y unas oraciones del Corán. Pero fui afortunada porque el hijo del jefe había ido a la escuela y tenia unas ideas diferentes a las de su padre. Aquel chico me enseño en secreto a hablar francés y a leer y escribir. Supongo que todo el mundo creyó que me violaba, pero me estaba instruyendo.A otros esclavos les asustaba la libertad. Tenían miedo de no saber donde ir ni que hacer. Pero yo siempre pensé que tenia que ser libre, e imagino que eso me ayudo a escapar. Hace unos 10 años intente escaparme, ignoraba lo cerca que estaba de Senegal, así que estuve 2 días caminando en dirección contraria. Me encontraron y fui devuelta a casa y castigada. Me sujetaron por las muñecas y los tobillos, me ataron a una datilera y allí me dejaron durante una semana. El amo me corto las muñecas con una navaja, y sangre terriblemente. Aun se aprecian las cicatrices.


Por fin conocí a un hombre en el mercado que me dijo que Senegal estaba al otro lado del río. Decidí probar suerte de nuevo. Corrí hacia la orilla donde un hombre accedió a llevarme al país vecino en su barquichuela de madera. Una vez allí conseguí llegar a un hogar de acogida dirigido por un antiguo esclavo de Mauritania. Viví varios años en Senegal, ganándome la vida con trabajos domésticos. Pero nuca me sentí segura. Siempre tuve miedo de que el señor de la familia pagase a alguien para que me buscase y llevase de vuelta a sus dominios.Cuando llegue a Estados Unidos me puse a trenzar cabellos. La primera vez que me pagaron por el trabajo que había hecho me puse a llorar. Jamás había visto a una persona cobrar por su trabajo. Fue una sorpresa magnifica.


Quizá lo mas difícil fue abandonar a mis hijos, pero sabia que primero tenia que huir yo. En los tres años que llevo aquí, he trabajado para liberar a mis hijos. He pagado dinero para que los encuentren y los lleven a Senegal, y ahora les estoy costeando los estudios. Todas las mañanas compro una tarjeta telefónica y hablo con ellos. Me dicen que preferirian morir en plena calle antes de volver a Mauritania. Ahora mi hija mayor vive con migo en Estados Unidos. Mi mayor deseo es que mis otros hijos se reúnan con nosotras. En Mauritania jamas tuve derecho a tomar decisiones sobre mis propios hijos.


En Mauritania no me atreví a recurrir al gobierno porque nadie me hubiera escuchado. Poco importa lo que digan las leyes, nunca se aplican. Tal vez este escrito que la esclavitud no existe, pero es mentira. Incluso en presencia del presidente de Mauritania podría decir que hay esclavos en mi país, porque ahora soy tan libre como el.

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